 En nuestro continente, la propuesta bioregional aún no es muy conocida. Vale la pena revisar algunos de sus aspectos más destacados y sus propuestas pues ahí podrían encontrarse muchas respuestas para lograr un mundo más solidario y sostenible. Por Gustavo Lerner*
Después de miles de años de vida tribal y de algunos cientos de años de vida civilizada, nuestra sociedad ha llegado a un punto donde es necesario cambiar. Los apuros en que nos encontramos en la actualidad, no son más que las señales inequívocas de una etapa que termina y de otra nueva que debe comenzar.
De algún modo llegamos a desquiciarnos y a disociarnos tanto de nuestro hábitat que muchas situaciones corrientes de nuestra vida apenas nos llaman la atención.
Seguramente en cualquier otra circunstancia más saludable nos darían ataques de risa (o de compasión) el ver un Viejito Pascuero gordo, barbudo, abrigado y en trineo…¡con 30 grados de calor!, o bien, nos desconcertaría, aún más, ver gente disfrazada con calabazas en la cabeza un par de meses antes de que comience el período de siembra de los zapallos. Y los ejemplos podrían seguir un buen rato. El Bioregionalismo propone retomar un camino simple y sensato para volver a conectarnos con la vida presente en el lugar en que vivimos, aprovechando los aspectos útiles de cada aprendizaje transitado en la historia de la humanidad, sumándole las innovaciones que este tiempo va requiriendo. Según dice Gene Marshall*, no existen mayores requisitos ni se necesita un carné especial para convertirse en un bioregionalista, tan sólo hacer propias tres sencillas afirmaciones:
1- La Tierra es mi hogar. 2- Algún continente de esta tierra es mi hogar. 3- Alguna región de esta tierra es mi hogar.
Al hacer propio este sentido de pertenencia, se aceptan las implicancias que ni el país donde nacimos o vivimos, ni nuestra tribu o civilización, ni nuestra religión o creencias representan el hogar. Sólo son nuestros países, civilizaciones, tribus, religiones o creencias, no más que eso.
Revisemos simples acciones que nos permiten acercarnos a vivir de acuerdo a una propuesta bioregionalista.
Define tu bioregiónCada bioregión tiene su identidad particular, la cual está conformada por su geografía, cuenca hídrica, fauna, flora, recursos naturales y por la cultura humana presente y su historia.
Un buen comienzo puede ser referirse al lugar donde vives describiendo su ecosistema en lugar del nombre de la provincia o región en que te encuentras.
Si yo describo el lugar que habito de un modo bioregional, diría lo siguiente: vivo en una loma conocida desde hace años como la “Loma del Quillay”, que es una elevación de aproximadamente 270 metros sobre el nivel del mar, en un área del secano costero (a unos 30 kms. del mar) llamada Loica, por las aves que viven aquí, y que está situada entre las cuencas del río Rapel y el arroyo El Yali.
Este es mi hogar.
Forma tu grupo y prepara los mapas de tu bioregiónTu bioregión también está compuesta por tus vecinos y, una buena manera de acercarte a ellos, es la de compartir la tarea de preparar mapas bioregionales.
Beatrice Briggs** dice que generalmente los mapas contienen información inadecuada donde la topografía, la geografía, la fauna y flora están disociados de la historia, y donde los límites políticos interrumpen arbitrariamente las cuencas hídricas como si el agua dejara de fluir una vez fijada una frontera.
Hoy contamos con muchas herramientas en Internet que nos simplifican tanto la búsqueda de información, como el dibujo mismo, pudiendo tomar como base fotos de Google Earth. No obstante, el hecho de ir a visitar personalmente los límites de tu bioregión puede resultar una aventura divertida para compartir con tus vecinos y amigos y una forma de conocer mejor tu hogar.
Crea tu propio calendarioLos calendarios que utilizamos suelen no tener relación alguna con la naturaleza, sus ciclos, las mareas y todo aquello que está sucediendo a nuestro alrededor y que forma parte de nuestra vida.
Puedes averiguar aquello que es característico de la región en que vives y ponerle nombre a las lunas en relación a ello.
Verás que resulta muy divertido y que es una buena forma de ponerte en contacto con el lugar donde vives, debes sincronizarte con los momentos especiales y celebrar lo que sucede: los tiempos de sequía y peligros de incendio, los de lluvias e inundaciones, cuándo migran las aves o soplan vientos, cuándo florecen los árboles o los animales se reproducen.
Mientras escribo, pienso que lo estoy haciendo durante los días de luna creciente del tiempo de las primeras lluvias, lo cual me da una información muy diferente si sólo pienso que estamos a mediados de mayo.
Conoce de dónde vienen las energías que utilizas y a dónde van tus desperdiciosHoy, en las ciudades, pocos son quienes saben de dónde proceden los alimentos que consumen, ni cómo son producidos, ni cuánta energía se ha involucrado tanto en su elaboración cómo en el transporte que las llevó a los mercados o supermercados cercanos. Lo mismo sucede con el agua que bebemos, la luz que utilizamos y, por supuesto, también con nuestros desechos.
No es difícil imaginar, entonces, que en poco tiempo estemos consumiendo los recursos naturales que al planeta le toma miles de años concebir, o bien, que las montañas de basura que producimos nos vayan rodeando, contaminando la tierra, los ríos y los mares y todo cuanto en ellos vive.
La invitación es que junto a tu grupo de amigos bioregionalista se organicen para formar grupos de prosumidores (productores-consumidores) que puedan comprar en conjunto, abaratando costos, aliviando la huella ecológica y también conociendo a la (o las personas) que se encargan de cultivar los alimentos que consumen. Incluso pueden asociarse para cultivar sus propios alimentos, producir energías renovables o para utilizarlas colectivamente.
Del mismo modo, es importante hacerse responsable por nuestros desperdicios. Ya no podemos seguir tirando la cadena de la taza del baño para alejar los problemas y luego reclamar cuando vemos el mundo contaminado.
Reduce tu consumo, reutiliza y recicla tú mismo o en plantas locales. Conoce los baños secos que grupos ecologistas diseñan en varias partes del mundo y adáptalos a tu región, o aprovecha lo que tu cuerpo no precisa para transformarlo en bio-gas. Las lombrices californianas te ayudarán con los desperdicios orgánicos de tu cocina y se alegrarán de que no te comas todo lo que habías preparado.
Desarrolla economías solidarias y de comercio justoLa parte social va de la mano con la ecológica pues no podemos concebir imaginar un mundo saludable sin pensar en una sociedad justa. Construir economías locales, solidarias e integradoras es indispensable.
Las personas tenemos múltiples necesidades comunes, y cuando nos juntamos con quienes compartimos una misma bioregión, nos damos cuenta que no tiene sentido vivir compitiendo con los vecinos por los mismos espacios y comprando a grupos foráneos aquello que necesitamos.
En el ítem anterior se nos invitaba a crear grupos de prosumidores, y es a partir de estos mismos que podemos crear mercados locales de intercambio, redes de trueque y espacios donde reunirse para conocerse mejor y fomentar un consumo ético.
La cooperación es la clave. Debemos dejar de dedicarnos a las mismas tareas y aprovechar la diversidad en todas sus formas para complementarnos. Recuerda que mientras tus vecinos se encuentren pasando penurias, tu hogar se desequilibra y corre peligro.
Capacítate en toma de decisiones por consenso y participa activamenteLa acumulación de poder y de los recursos es una de las características de la sociedad actual. Los grupos estructurados de manera piramidal, donde muchos soportan el peso del trabajo y unos pocos se benefician, provocan desequilibrios y disconformismos que sólo producen separación.
Ya no se pueden dejar los asuntos de importancia en manos de los grupos de poder o en los “profesionales”. La democracia profunda es uno de los pilares del bioregionalismo.
El consenso es el proceso de toma de decisión que ayuda a los grupos a ir logrando acuerdos, de manera descentralizada, compartiendo los derechos y las responsabilidades.
Un grupo que toma decisiones por consenso, naturalmente va evolucionando y se va uniendo conforme pasa el tiempo. En lugar de generarse facciones que compiten por el voto de la mayoría, se va construyendo la confianza necesaria para crecer a partir de las diferencias y lograr las mejores decisiones que representen al grupo.
Por supuesto que esto no se da de la noche a la mañana y que en el camino se presentan muchos inconvenientes. Sin embargo, las personas y los grupos que adoptan el consenso como práctica, una vez que logran cierta madurez, no sólo se aseguran de ser efectivos a la hora de tomar decisiones y cumplir sus objetivos, sino que además disfrutan de sobremanera sus reuniones. Y esa sí que es una buena manera de construir un hogar seguro.
Escoge dónde hacer tu aporte y ¡ponte en acción!Todo el mundo necesita de buenas acciones y tu bioregión no es la excepción.
De acuerdo a tus posibilidades y a tus capacidades, escoge un área donde hacer algo productivo por la tierra, por las plantas y animales y por nosotros mismos.
Siempre puedes escoger entre utilizar tu energía con fines útiles o seguir colaborando al cambalache actual.
Únete a grupos de restauración de ecosistemas y protección de fauna, prefiere alimentos orgánicos y locales, participa en la construcción de espacios verdes en tu barrio, apaga las lámparas que no necesitas, cuida el agua, organiza clubes de trueque e intercambio y ¡no dejes de sonreír cada vez que saludas a alguien! * y ** del libro “Bienvenidos a Casa, pensamiento y vivencia bioregional” compilado y editado por Laura Kuri, Editorial Ayotl Lakuri. Bea Brigss nos recomienda consultar el texto “Los Límites de Casa” editado por Doug Aberley, (New Society Publishers, PO Box 189, Gabriola Island, BCR, V0R 1X0, Canadá).
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