
Los pueblos originarios cuentan con una infinidad de fiestas durante todo el año, las cuales tienen una estrecha relación con el ciclo agrícola. Es el cultivo de la tierra lo que marca los ritmos indígenas, pues ahí se germina la vida, la naturaleza, el alimento y, a través de todo esto, se mantiene la salud. En reciprocidad a ello, agosto es un periodo que está dedicado a agradecer a la Pachamama.
Por José Segovia Vergara*
El calendario agrícola marca la pauta de la vida de los pueblos originarios. Dentro de ese contexto, todos los meses tienen su sello festivo y agosto es un tiempo especial llamado mes de la Pachamama.
Después de la cosecha, la tierra descansa y despierta en agosto con hambre. La creencia es que para que no se coma las semillas de la siembra, que empieza el 21 de agosto, hay que alimentarla simbólicamente. Durante todo el mes, los pueblos andinos le hacen ofrendas, que significa devolver de forma ritual lo que la tierra ha dado durante todo el año, es decir, se le dan alimentos, agua, coca, chicha, vino, etc. A su vez, es una oportunidad para pedir por prosperidad y por salud para el resto del año.
Celebrar a la Pachamama es esencial en la concepción ancestral de los pueblos indígenas. Esta costumbre se asienta en que ellos asumen que son parte de un ser mayor, la Tierra, y esta celebración es un modo de asumirlo.
El primer día de agosto se movilizan muchas comunidades indígenas y campesinos de los Andes con este propósito. Asimismo, otras miles de personas desde Ecuador hasta Argentina realizan este homenaje a su manera.
Lo cierto es que desde la gente más modesta hasta los más acomodados realizan sus rituales durante agosto, lo que demuestra que las tradiciones de los pueblos originarios tienen plena vigencia en toda la zona andina.
Por ejemplo, en las ciudades del noreste de Argentina, como Jujuy, grupos de obreros, estudiantes y empleados públicos interrumpen sus tareas para celebrar esta fecha. De hecho, esa región del país transandino es de tradición indígena y en la actualidad está viviendo un espontáneo proceso de reetnización.
Elaboración de la ofrenda
En La Paz, Bolivia, por ejemplo, existe una calle donde venden todo tipo de implementos para confeccionar las ofrendas.
Se utiliza el término “mesa” que se refiere a una hoja de papel grande donde se deposita en el centro una hierba denominada khoa. Alrededor del vegetal se dispone un círculo con lanas multicolores de llama. Sobre éstas se ponen dulces caseros que tienen forma de auto, de dinero, de casa, entre otras. Luego, se agrega mirra, incienso, chaya y, finalmente, un feto de llama, envuelto con lana. En pocos minutos, la “mesa” está lista. Los elementos y la forma en que se confecciona cada “mesa” variarán de acuerdo a cada ceremoniante.
Antes de la conquista española, las ofrendas consistían en sangre humana y de animales. De hecho, el sacrificio animal aún está vigente en muchos lugares de la zona andina. Sin embargo, hoy, la mayoría de los elementos simbólicos derivan del sincretismo religioso entre la tradición española y la indígena.
Muchas personas compran la “mesa” lista, para luego quemarla en el lugar elegido y hacer su pedido o dar agradecimiento. Después tendrán que enterrar las cenizas en algún sitio específico o en el patio de su hogar.
La mayoría de la población acostumbra ofrendar a la Pachamama en su propia casa. Otros, acuden a los cerros donde los yatiris y amawtas (ceremoniantes y sabios) ofician los ritos ancestrales para invocar a los achachilas (dioses tutelares) del mundo andino.
Vida y muerte
En la sabiduría popular se habla mucho de si los ancianos lograron o no pasar agosto. Esta creencia también se relaciona con el mes de la Pachamama, pues agosto sería un tiempo propicio para morir. Como en esta época la tierra está preparándose para recibir las semillas, también tiene una especial disposición para restituir a los hijos en su seno.
Esta condición corre sobre todo para aquellas personas que son de edad, que están enfermas o sienten que ya han cumplido su misión en la vida. La tierra es la que alivia las cargas y dolores.
Es que la Pachamama no sólo da la vida, sino que también la quita. Por esta razón, en algunas expresiones plásticas de los antiguos indígenas de América, la tierra se representa como una figura adornada de calaveras y serpientes, asociada a la muerte.
Hay que recordar que el comportamiento de la Pachamama es dual: en un momento entrega todo lo que el ser humano necesita, pero en otro, absorbe a los seres hacia ella realizando una limpieza necesaria. Esta idea de constante purificación de todos los seres que habitan el planeta se encuentra en todas las tradiciones de la América andina.
Por ello, según la tradición indígena, agosto es un mes dedicado al recogimiento y a la reciprocidad hacia la tierra. Es una instancia consagrada al silencio.
Términos para entender una ofrenda
Estas palabras vienen del aymara y del quechua. También hay términos en español que reemplazan las denominaciones originales, sobre todo en la ciudad.
Mesas: son las ofrendas. Este nombre proviene del español y tiene relación con la misa católica. La mesa contiene hierbas aromáticas, lanas multicolores, fetos de llamas y ovejas, coca, alcohol, grasa de vaca y cerdo, incienso, copal, entre otros elementos. Los nombres originarios son: lojta o waxt’a.
Amawta: “el sabio”, es el oficiante de la ceremonia. Convoca y conjura a las deidades subterráneas y a las de las montañas. Prepara la mesa y la quema en el fuego sagrado. Finalmente, interpreta las señales que ve en las cenizas que quedaron de la mesa.
Yatiri: “el que sabe”, “conocedor”. En general, es un anciano que puede predecir el futuro, diagnosticar enfermedades o pronosticar la suerte por medio de las hojas de coca. Participa, al igual que el amawta, de la ceremonia de las ofrendas.
Chifleras: son las personas que venden en las ciudades los elementos necesarios para confeccionar una mesa.
Khoa: viene de q’uwa. Es una planta sagrada y aromática que se utiliza en las ofrendas. De este elemento se ha derivado el término khoar como equivalente del acto de efectuar una ceremonia. Según los andinos, el aroma de esta planta sube al arajpacha o mundo superior.
Sullus: fetos de llama que son parte importante de la ofrenda. A diferencia de lo que se cree en la ciudad, esos fetos son los que aborta de forma natural una llama o nacen muertos. También se usan de vicuña y de oveja.
*Estudioso de las culturas indígenas, ceremoniante andino y director del Centro de Arte y Cultura Indígena de Santiago. Tel.: 696 5121.