Síndrome Metabólico (SM): una combinación mortal
sindrome metabolicoEn las últimas décadas el síndrome metabólico se ha convertido en un problema de salud pública de primer orden, debido a su alarmante incidencia en adultos de ambos sexos y en la población joven. El SM es un conjunto de varias alteraciones clínicas comunes que, a largo plazo, se asocian con un riesgo elevado de enfermedades cardiovasculares.
La palabra síndrome se refiere a un grupo de síntomas clínicos que presenta un individuo y que implican una enfermedad. Este es el caso del síndrome metabólico pues padecerlo significa presentar cuatro condiciones simultáneamente: obesidad, alteración del perfil lipídico (dislipidemia), resistencia a la insulina o diabetes y elevada presión arterial. Como es de suponer, cuatro afecciones unidas pueden causar más daño que si se presentaran en forma individual, teniendo como principal consecuencia el riesgo de padecer ateroesclerosis o enfermedades cardiovasculares.

El síndrome metabólico lo describió por primera vez en 1988 el investigador estadounidense Gerald Reaven. Anteriormente varios autores habían advertido sobre el riesgo cardiovascular que implicaba tener dislipidemias (aumento de colesterol y/triglicéridos en la sangre), obesidad, hipertensión arterial e intolerancia a la glucosa. A esta condición, lo llamaban el cuarteto de la muerte. Sin embargo, fue el grupo de Reaven que confirmó la asociación de estas alteraciones metabólicas con la resistencia a la insulina, inclusive en personas aparentemente sanas y delgadas.

Se han utilizado diferentes términos para referirse a este síndrome: síndrome X, síndrome de resistencia a la insulina, síndrome dismetabólico cardiovascular, síndrome múltiple dismetabólico o, simplemente, síndrome metabólico.

En las últimas clasificaciones de éste se ha incorporado, como uno de los criterios diagnósticos, la obesidad abdominal. Esta clasificación se relaciona con el síndrome metabólico, puesto que ese tipo de obesidad significa un mayor depósito de grasa visceral y, por lo tanto, un mayor riesgo de padecer diabetes mellitus tipo 2, hipertensión arterial y dislipidemia.

De todos modos, esta no es una enfermedad que sólo afecta a las personas con sobrepeso u obesidad, sino que a todo el mundo. Lo que pasa es que la obesidad está asociada a cualquiera de los componentes anteriormente descritos, pero no siempre está presente.

Esta patología cada día es más común en Chile y se está alcanzando a pasos agigantados los alarmantes niveles de países como Estados Unidos, donde alrededor del 25 por ciento de la población mayor de 20 años padece síndrome metabólico. En nuestro país, bastaría con considerar al segmento de personas con sobrepeso u obesos, que tienen alterado sus perfiles lipídicos y sus niveles de glucosa, para estimar que alrededor del 20 por ciento de adultos padecen este síndrome.

Lo anterior se fundamente en el alza de la ingesta calórica en los últimos 40 años. Ésta ha sido en base al mayor consumo de grasas y a la alta prevalencia de sedentarismo, que bordea el 90 por ciento. Por ello, no es extraño que, según cifras del Ministerio de Salud, casi el 60 por ciento de la población presente sobrepeso u obesidad y sus complicaciones derivadas como diabetes, hipertensión y dislipidemia.

Por otro lado, cuando se hace referencia al síndrome X, otro factor relevante es la edad, pues ésta ha ido bajando de forma dramática. Antes, quienes padecían de síndrome metabólico eran pacientes que bordeaban los 50 años, mientras que actualmente el grupo de riesgo está situado en torno a los 35. Ello se debe a los malos hábitos y escaso ejercicio físico que presentan niños y adolescentes.

Antiguamente, el desarrollo de estas patologías comprendían alrededor de 25 años o más, por lo tanto, no aparecían en el niño o adolescente.

Lo anterior ocurre, en parte, porque los pequeños desde que están en el vientre materno están recibiendo de sus madres, con sobrepeso u obesas, la predisposición para la enfermedad como altos niveles de glucosa, por ejemplo.

Medidas a seguir

No hay que esperar a ser obeso para comenzar a preocuparse de los hábitos alimentarios y del ejercicio físico. Cuando el cinturón ya no cruza o el pantalón no sube, es momento de tomar cartas en el asunto y comenzar a preocuparse de inmediato.

El síndrome metabólico va de la mano con el estilo de vida y la conciencia real de nuestro cuerpo. Ni el sobrepeso ni las alteraciones del perfil lipídico aparecen de un día para otro.

Por ejemplo, en el caso de la diabetes, el cuerpo envía ciertas señales de alerta como el aumento de la micción, sed y decaimiento lo que obliga a consultar al médico quien detecte una glicemia elevada. Ese es el primer paso de la enfermedad. La persona ya conoce su condición, se le recomienda una dieta que, muchas veces no cumple, y así se inicia un proceso irreversible.

La buena noticia es que todas estas afecciones son evitables y, cuando aparecen, son problemas tratables. Una persona que toma sus medicamentos para la hipertensión puede mantener controlada la presión durante todo el tiempo que sea necesario. Ocurre lo mismo para el individuo que presenta alterado su perfil lipídico. Si se ciñe a una dieta adecuada, toma algún fármaco y hace ejercicio regular puede vivir sin mayores complicaciones.

El uso de fármacos en el síndrome metabólico puede plantearse ante el fracaso de las medidas no farmacológicas. En caso de ser necesarios, son un complemento de lo anterior y en ningún caso reemplazan el estilo de vida saludable. Las alternativas incluyen insulinosensibilizadores, anorexígenos, inhibidores de la absorción de carbohidratos, inhibidores de la absorción de lípidos e hipolipemiantes.

Se considera que la aparición del síndrome metabólico es determinada por la interacción de factores genéticos, ambientales y nerviosos centrales (disfunción de los centros hipotalámicos de hambre y saciedad) que generan dos alteraciones metabólicas importantes: la resistencia a la acción de la insulina y la obesidad visceral. El órgano que se ve afectado principalmente por estas alteraciones y del cual depende el desarrollo posterior del síndrome metabólico es el hígado.

Ya lo sabe, si usted es una persona con peso normal y tiene tres de las patologías descritas anteriormente (diabetes, alteración del perfil lipídico, presión arterial elevada, insulinorresistencia o intolerancia a la glucosa) visite a su médico a la brevedad. Ahora, si tiene sobrepeso o es obeso, preocúpese aún más, ya que su calidad de vida y su sobrevida están en riesgo. No olvide que el síndrome metabólico es el precursor de enfermedades cardiovasculares.

En cualquier caso, controlar el peso, mantener una alimentación saludable, propiciar una vida activa y actuar enérgicamente frente a los factores de riesgo cardiovasculares de manera individual, es la actitud que debemos recomendar. En tanto, hay que seguir investigando el síndrome metabólico y cada una de las enfermedades que lo conforman.
 
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