Agua termal: el baño terapéutico de invierno
termasDesde las capas más subterráneas de la Tierra emerge esta agua a mayor temperatura y cargada de componentes minerales, características ideales para aliviar y tratar un sinfín de afecciones corporales y orgánicas que padecen desde los más ancianos hasta los más jóvenes. Nuestro país cuenta con una interminable gama de estas fuentes de agua, ¡inclúyalas en sus vacaciones de invierno!


Para nadie es desconocido que Chile es un país de mucha actividad sísmica y volcánica, debido a que su territorio está emplazado en un lugar donde se juntan extensas placas geológicas que se encuentran en constante movimiento. Además, existe mucha actividad geotérmica, es decir, calor interno de la tierra, el cual calienta las capas de agua más profundas. Éstas, al emerger como agua caliente a la superficie, se transforman en fuentes termales o como vapor en el caso de los géiseres.

Muchos lugares en todo el mundo tienen estas características geológicas y desde siempre se han vinculado a la salud, a la vida social y a la recreación. En las antiguas villas romanas los baños se llamaban balnea (balneum) y, si eran públicos, thermae (therma).

Las termas romanas eran baños públicos con estancias reservadas para actividades gimnásticas o lúdicas. La sala de agua caliente era el caldarium; la de agua templada el templarium; la de agua fría el frigidarium; el baño de vapor sudarium y la piscina abierta, natatio. También se consideraban lugares de reunión para aquellos que no contaban con su propia fuente en casa, como plebeyos y esclavos. Su uso fue difundido por el imperio romano a toda Europa. En el actual territorio chileno, los pueblos originarios, incas, quechuas, aymaras y mapuches, también aprovecharon sus bondades terapéuticas.

Hoy, la tradición de la antigua Roma y de los pueblos indígenas continúa, pues estas fuentes de agua se utilizan principalmente para el mejoramiento de la salud y para disfrutar la vida al aire libre. La diferencia es que en la actualidad existe toda una industria en torno a las fuentes termales y su presentación varía desde rústicas fuentes termales que afloran desde la tierra hasta sofisticados centros que cuentan con los más diversos servicios para el bienestar y tratamientos terapéuticos.

Chile, fuente termal inagotable


A lo largo de Chile existen alrededor de 270 fuentes termales, de las cuales muchas aún no han sido exploradas y, las que se conocen, traspasan todos los paisajes del territorio nacional. Algunas se encuentran al nivel del mar, otras están en altura, a más de tres mil metros, y muchas están insertas en los parajes más verdes del sur del país. A su vez, algunas son pequeñas y sencillas pozas al aire libre mientras que otras son verdaderos centros turísticos y lujosos SPA.

Existen tres zonas características donde se concentran las aguas termales en Chile: el sector del altiplano norte, desde San Pedro de Atacama hasta Putre. Allí se reúne cerca del 20 por ciento del total de las aguas termales chilenas y se caracterizan por estar en altura y presentar aguas muy calientes. Luego está la zona de la Falla de Pucuro, en la zona central, la cual cuenta con alrededor de 35 fuentes y, por último, la zona de la Falla de Liquiñe-Ofqui, en el sur del Chile, entre la Novena y la Undécima Región, desde el volcán Llaima hasta el volcán Hudson. En ese sector existen más de 70 fuentes termales situadas en diversos paisajes y sus temperaturas varían desde los 20 y 25 a los 80º C.

La mayoría de las termas nortinas, sobre todo en la zona de la precordillera, son piscinas al aire libre ubicadas en quebradas o salares, en lugares de difícil acceso, sin comodidades y aptas sólo para los más osados. Existen también las termas ubicadas en las sierras, que son más accesibles, conocidas y populares, como las termas de Mamiña, en la Primera Región. También se conocen los Baños de Puritama, en la Segunda Región, las termas de Juncalito, en la Tercera y las Termas de Socos, en la Cuarta Región.

En la zona central se ubican algunos de los complejos termales más antiguos del país y, en su mayoría, cuentan con una buena infraestructura pensada para la familia. En este sector destacan las termas de Jahuel, al norte de Santiago, que fueron visitadas por Charles Darwin en 1834, las termas del Corazón en la Quinta Región y las termas de Colina y los Baños Morales, en la Región Metropolitana. Más al sur están las termas de Cauquenes, centro tradicional que funciona desde el siglo XIX y las termas del Flaco, ambas en la Sexta Región. En la Séptima Región destacan Panimávida y Quinamávida.

El 30 por ciento de las fuentes termales de Chile se ubican entre la Novena y la Undécima Región. Ello se debe a la combinación de la actividad volcánica y a la falla de Liquiñe-Ofqui. En este sector no se puede dejar de mencionar las termas de Chillán (Octava Región), las termas del Huife (Novena Región) las de Menetué, de San Luis y las de Palguin. Un poco más al sur, destacan las de Coñaripe y Liquiñe, de Puyehue, las termas de Aguas Calientes y El Amarillo (Décima Región).

Agua termal y salud

Los tipos de agua termal se diferencian según su origen geológico y según la presencia de los distintos minerales.

El origen geológico las clasifica en magmáticas o telúricas. El primer término se refiere a aquellas aguas que aparecen por procesos eruptivos o que tienen relación con masas de minerales. Se caracterizan por su gran temperatura y por un caudal y una composición mineral constante. En esta categoría se encuentra la mayoría de las termas chilenas.

Las aguas telúricas o de infiltración, por su parte, surgen en cualquier terreno, con caudal variable y una presencia mineral moderada.

Los beneficios de las aguas termales se deben a dos aspectos: uno químico y otro físico. El químico se refiere a los minerales que contienen que, al estar contenidos en el agua, pasan por osmosis a través de la piel; mientras que los efectos físicos se deben a la temperatura del agua. Ésta produce una vasodilatación periférica, con la cual se mejora la oxigenación de los tejidos y se liberan sustancias que producen efecto antiinflamatorio y analgésico. Se estimula la relajación muscular, provocando una sensación de bienestar.

Es por ello que los baños termales son muy recomendados para aliviar los traumatismos, los procesos inflamatorios articulares, como la artritis, el reumatismo y las dolencias musculares y articulares. En combinación con fisioterapia ayudan también a disminuir la rigidez de las atrofias musculares.

Además, se recomiendan para disminuir el estrés, como medio de control del acné u otras afecciones dérmicas o, sencillamente, como medio de relajación y de reencuentro con la naturaleza.

En cuanto a su uso dermatológico, el agua termal aplicada en baños o vapor, favorece la expulsión de las toxinas de la piel y mejora su condición general. El agua termal en baños de vapor es usada a su vez para aliviar la sinusitis.

También en esta categoría están los baños que combinan agua termal caliente y agua fría, lo cual genera efectos de vasoconstricción que favorece la circulación y la eliminación de líquidos retenidos.

Uno de los usos más extendidos del agua termal, además de los baños, es su combinación con barro o fango de origen volcánico. El fango o barro termal es la combinación de agua termal con los minerales del subsuelo, oligoelementos, restos de rocas micropulverizadas (como silicatos, cuarzo, mica) y restos fósiles de animales y plantas, arrastrados hacia la superficie.

Este barro termal tiene propiedades nutritivas para la piel y es además antinflamatorio, analgésico y antirreumático, favorece la circulación, mejora las irritaciones de la piel, revitaliza los tejidos y ayuda a limpiar la piel de toxinas y células muertas. Hoy, se utiliza en conjunto con extractos de plantas, algas marinas, miel, arcillas y aceites de aromaterapia.

Además de sus innumerables usos, el agua termal se embotella para ser bebida, como el caso de las aguas de las termas de Mamiña, Chusmisa y Socos en el norte, y Panimávida, Nevados de Chillán, Quinamávida y Puyehue en el centro y sur del país.

A la luz de todas estas aplicaciones, no es raro entonces que la Organización Mundial de la Salud (OMS) se refiera a las fuentes termales como un importante recurso a tener en cuenta dentro de algunos procedimientos terapéuticos. De hecho, en varios países europeos el tratamiento termal está incorporado a los respectivos sistemas de seguridad social.

Siguiendo la recomendación de los expertos mundiales, ¡no olvide las termas en sus próximas vacaciones!

¡Cuidado…!

Las aguas termales no están recomendadas para personas con problemas cardiovasculares, quienes padezcan procesos asmáticos en crisis, hipertensión aguda, diversos tipos de tumores o cáncer. Tampoco son aptas para embarazadas.

Por otra parte, es un error muy común creer que cuanto más caliente está el agua, es más beneficiosa para la salud. Las piscinas que tengan más de 40º C deben ser utilizadas con mucho cuidado y por muy poco tiempo.

Por último, es importante que la indicación precisa de un baño termal para alguna patología específica sea prescrita por un médico y exista un examen clínico previo.

Aguas termales en acción

- Estimulan las defensas del organismo.
- Depuran la sangre, eliminando toxinas por sudoración y diuresis.
- Reactivan el metabolismo.
- Reeducan el sistema termorregulador.
- Provocan una dilatación en la red vascular, con el correspondiente flujo sanguíneo.
- Tienen efectos revitalizadores sobre células y tejidos.
- Se obtienen resultados analgésicos y antiespasmódicos.
- Son sedantes del sistema nervioso.
 
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